Carlos Mozas

La nueva interdependencia electrónica reconstruye el mundo en la imagen de una aldea global.” Marshall Mcluhan

El sonido de una tiza desgastada, en ocasiones chirriante, que muere para dar vida a una letra, se ha cambiado por el de un clic continuado en el botón de un ratón.

Las ventanas de pizarra negra que nos regalaban importante información son ahora miles de brillantes pantallas de cristal, de viajes inesperados, de continuos saltos y enlaces que albergan millones de datos e información. Un cambio que, más allá del avance tecnológico, ha supuesto una modificación en el comportamiento de nuestra memoria, favoreciendo el aprehender sobre el aprender.  Verdad irónica hecha foto, que se constata en esta obra de Ayuso,  que borra las ecuaciones del pasado para dibujar un nuevo buscador donde encontrar nuevos mensajes, como preludio de un “proyecto sin título” que nos habla precisamente  de eso, de mensajes, que como en la pizarra o en la pantalla, siempre quedan abiertos a la interpretación de quien observa y que nunca deja de ser alumno y espectador.

En cada fotografía de Untitled Project,  Ayuso nos regala  ¾ como el mejor de los profesores¾ la capacidad de imaginar sin presión ni coacción. Entrelazando la palabra y la imagen como si ambas se difuminasen en el sustento de la otra. Mensajes encontrados en lugares tan inesperados como cotidianos, en los que lo anecdótico se monumentaliza al hacerse fotografía. Escenas post-situacionistas, donde se crean vivencias nuevas, (lejos de ser reales, pero con su misma apariencia) para que la realidad salga del sujeto que las contempla y, por lo tanto, completa.

Hoy, Javier Ayuso, sin abandonar esta estética, deja a un lado la representación de la palabra hecha imagen para curiosamente inspirarse en ella y adentrarse en su nuevo proyecto, Walking Around, inspirado en el poema homónimo de Neruda. Volcando ahora ese cansancio de la condición humana que el poeta reflejaba  en sus versos sobre la piel de un perro, para hacernos reflexionar sobre nuestra propia condición de humanos y animales, sobre la propia idea de humanidad y la desazón que muchas veces acompaña nuestra existencia, sintiéndonos habitantes de espacios y tiempos que quizás no nos toca vivir. Un desánimo de lo humano, trasladado al espejo-reflejo que es este animal.

En cualquiera de los casos Ayuso es capaz abrir ventanas a la sugestión donde lo aparentemente común o cotidiano se dignifica en obras de gran formato seguras de sí mismas en las que bajo una aparente normalidad calmada se encuentra un cuidado estudio, que dota a cada imagen de una controlada belleza.

Carlos Mozas.

The new electronic interdependence recreates the world in the image of a global village.” Marshall Mcluhan

 

The squeaking sound of a worn out chalk that will die in order to give life to a letter, has been replaced buy the click of a mouse. Windows, which once held important information on Blackboards, have been filled by thousands of shiny screens of glass, showing unexpected journeys and continuously jumping from one link to another, home to millions of data and information.  A change that has not only advanced technology but also the workings of our memory, and changed our understanding of the way we learn.

This ironic truth made a photo, that can be seen in this work by Ayuso. This clears the equations of the past, drawing a new search engine where you can find new messages such as, a prelude to an “Untitled project” which tells us precisely that messages on a Blackboard or a screen, are always open to the interpretation of whom is observing and that there never ceases to be a pupil and spectator.

In every photograph of Untitled Project, Ayuso gives us (like the best of the teachers do) the ability to imagine without pressure or coercion. He intertwines the word and the image as if both have diffused to be supportive of the other.  Messages found in such unexpected, everyday places mean anecdotes are monumentalized through photography. In post-situationalist scenes, where you create new experiences (far from being real, but with the same appearance), reality leaves the subject to contemplate which enables them to concrete their own ideas.

In recent days, Javier Ayuso, without abandoning these aesthetics, has left aside the representation of a word-made image to be curiously inspired by the word and move to his new project, Walking Around inspired by the homonymous poem by Neruda. Turning now to the tiredness of the human condition that the poet reflected in his verses in through the skin of a dog, to make us reflect on our own human and animal condition; on the idea of humanity and despair that often accompanies our existence, feeling that we are habitants of space and time that perhaps is not ours to live.  A certain human discouragement is transferred through a reflective mirror that is represented by this animal. In any case, Ayuso is able to open windows to suggestion where the apparently common or everyday is dignified in large works that are sure of themselves; where under an apparent calm normality, careful study is apparent and displays each image with controlled beauty.
Carlos Mozas.


Cuando en 1930 Walker Evans fotografiaba a unos trabajadores bajando de una camioneta un cartel luminoso con la palabraDamaged (dañado), no solo reflejaba un momento cualquiera de la ciudad de Nueva York.

Aquella instantánea albergaba una declaración de intenciones, en la que se podía encontrar una emancipación de los códigos pictóricos que ataban a la fotografía desde su nacimiento, y una admiración e interés por transformar la apariencia de lo real en lenguaje como signo de significación múltiple y de valor documental.

Sería este carácter de documento de lo real, tan ligado al conceptual, el que curiosamente haría evolucionar la fotografía llevándola a una literalidad cuasi “duchampiana” del objeto, conjugada con una indiferencia por lo estético. Aunque esta hubiera  de seguir atada por el imán de las otras bellas artes que se daban en ese momento.

Para entonces, -a partir de los años ochenta- y principalmente gracias a la llamada escuela de Vancouver, sería cuando se diera un paso de gigante en la liberación definitiva de la fotografía,  por medio del tránsito de una fotografía entendida como documento, a otra que se entiende como objeto y obra final, monumentalizando lo que antes era anécdota y objetualizándola a su vez. Y donde la inevitable estética documental de la fotografía alimentaba un juego paradójico entre realidad y ficción que le permitía dar ahora nuevos significados.  Pasando de la indiferencia estética a una “estética de la indiferencia”.

Es entonces cuando comprendemos, pese a un apetecible grado de similitud, la distancia no solo temporal que nos separa de la fotografía antes citada de Evans y las obras contemporáneas y coetáneas de Javier Ayuso. Entendiendo que tras la estética de lo aparentemente normal se encuentra una estudiada colocación de los elementos  propia del mundo publicitario, donde todo esta cuidado hasta el mínimo detalle por las nuevas tecnologías, para generar mensajes abiertos y sugestivos al espectador, con la intencionalidad propia de una obra de arte.

Un juego de palabras, como excusa, para hacer referencia a los proyectos Untittle Project y Walking Around {Sucede que me canso de ser perro} en los que se pasa de unas imágenes post situacionistas, en las que los juegos sugerentes -a través del lenguaje de la palabra- son un valor añadido ante la cotidianeidad de unas cuidadas imágenes de lo habitable. Mientras en estas el mensaje se genera libremente por sugestión en cada observador, a través de mensajes abiertos, Walking Around acoge la controversia de una humanidad encerrada en el cuerpo de un animal (un perro de nombre Gustavo) para hacernos reflexionar sobre nuestra propia condición como humanos y animales, sobre la propia idea de humanidad y la desazón que muchas veces acompaña nuestra existencia, sintiéndonos igual que Gustavo, habitantes de espacios y tiempos que quizás no nos toca vivir. Un desánimo de lo humano, trasladado al espejo-reflejo que es este animal, e inspirado en el poema homónimo que Neruda escribió en 1935 fruto de una crisis, extrapolable a la de hoy, donde estaba en juego el valor de la dignidad de la humanidad.

En ambos proyectos Ayuso no abandona la senda de la contemporaneidad artística que marcan los pasos de la fotografía actual.

Sus obras, pese a atrapar nuestra atención y activar en nosotros la necesidad de generar mensajes propios a través de diferentes formas y códigos, siguen unas pautas comunes que el artista no abandona. En ellas se monumentaliza la anécdota, y lo aparentemente común o cotidiano se engrandece en fotografías de gran formato seguras de sí mismas, donde curiosamente los códigos publicitarios se explotan a través de una estética de la indiferencia. O lo que es lo mismo, bajo una aparente normalidad de las imágenes se encuentra un cuidado estudio, que dota a cada imagen de una controlada belleza y una enorme dignidad.

Carlos Mozas